Le Bon Vivant. Antología. Detox Is For Quitters! (V)

…Y LOS GALÁCTICOS
Les hablamos ni más ni menos que de la estrella de rock viva más drogadiza de todos los tiempos, el que fuera guitarrista de los Byrds y compañero de batallas de Still, Nash y Young: David Crosby.
Viva encarnación del prototípico hippie drogota de toda la vida, no hay substancia estupefaciente conocida por la D.E.A que no haya corrido alguna vez por las venas de este superhombre. Y esto que decimos no es un pour parler, créanos. Lo ha probado TODO. Como era de esperar, la década de los 80 presenció el primer ingreso de Crosby, primero en detox, después en la cárcel. La de los 90 su transplante de hígado: cuentan que el órgano enfermo tuvo que ser enterrado en un cementerio nuclear. También en esta época, lógicamente antes del transplante, Crosby vivió el incidente que haría que el nombre de Richard Pryor volviera a aparecer en los periódicos, ahora que parecía que la gente se había olvidado del asunto. En efecto, en esta época el hombre del poncho en los Byrds había desarrollado en el tabique nasal un butrón del tamaño del túnel de Guadarrama, y había tenido que empezar a consumir el perico fumado. El resto es historia: un colocón descomunal, que si me duermo, que si me prendo fuego entero…
Para sorpresa de todo el mundo, Crosby apenas sufrió un par de quemaduras sin importancia a causa de este accidente que le hubiera podido costar la vida a cualquiera. Era el último capítulo en una increíble concatenación de sucedidos que venían a probar la legendaria potra del californiano. Porque que un hombre que ha llevado ese estilo de vida todavía no haya pasado a mejor ídem ya es un auténtico milagro, que haya tenido la suerte que ha tenido con la rehab, la experiencia bonzo y el transplante ya es de premio…¡pero la suerte que ha tenido el granuja con la droga! ¡Eso no está en los escritos! Y no nos referimos a que no sufriera ninguna dobledosis, que también, sino, en concreto, a la célebre historia de su Mercedes sedán azul.
Y es que cuenta la leyenda que en una época de apuros económicos Crosby vendió este coche de lujo por 4000 dólares y una onza de coca. El aprovechado camello se fue con el benzo a casa de un amigo y, ¡castigo divino! se metió una sobredosis y murió. El coche volvía a ser de Crosby.
No había pasado ni un mes cuando Crosby ya se había fundido los 4000 y se vio obligado ha hacer lo que todos ustedes están imaginando: volver a vender el coche. A otro camello, por supuesto. Al cabo de horas al dealer lo habían acribillado a tiros. Acribillándose a tiros estaba también Crosby cuando se enteró, actividad que interrumpió momentáneamente para ir a recoger de nuevo ese coche que tanto cariño parecía tenerle. Fuentes fidedignas afirman que Crosby llegó a vender el Mercedes hasta 6 veces, y siempre acabó recuperándolo.
Y si hemos empezado con Carmina, terminemos este recorrido por el Hall of Shame de Betty Ford con su homóloga en el mundo anglosajón, la incombustible Steve Nicks. En el número de mayo de la imprescindible revista inglesa UNCUT, la vocalista del grupo A.O.R. Fleetwood Mac afirma tranquilamente haberse pulido al menos 1 millón de dólares en cocaína entre 1975 y 1985. Una cifra que, según nuestras estimaciones, se queda más bien corta, si tenemos en cuenta que este mismo capítulo de gastos en el global del grupo asciende a 8 millones. Para aquellos que no den crédito, y que piensen que Fleetwood Mac eran unos angelitos, por la calidez de su música, por ser fijos en M80 y su impecable imagen A.O.R., que se vayan desengañando. Mucho se ha hablado de los Stones, de los New York Dolls o de el propio Elvis, pero los Mac han sido sin duda la banda más drugga que se recuerda. Estamos hablando de un grupo que se empeñó en meter a su camello en los créditos de su obra maestra, “Rumors” (las reticencias por parte de los productores y el hecho de que el tipo en cuestión fuera asesinado poco antes de la salida del álbum hicieron que al final la idea no cuajara), y que, durante las sesiones de grabación de éste disco, totalmente engorilados por el yeyo, se pasaran ¡cuatro días afinando un piano! Tras probar 9 pianos, finalmente decidieron no usar ninguno.
Pero sin duda la estrella de la banda, en todos los (embotados) sentidos, era Nicks. Su leyenda de cokehead era tal que, en los ochenta, se aseguraba que había contratado una asistente personal cuya misión exclusiva era administrarle la droga por vía rectal, dado lo depauperado de sus fosas nasales. Tristemente, esta impecable trayectoria se vio quebrada en 1986 cuando Nicks ingresó en Betty Ford. En 1994 repetiría la estancia, esta vez para quitarse del Prozac y el Klonopin. Ahora anda presumiblemente limpia y promocionando su último disco. Y nosotros nos preguntamos: ¿Hubieran vendido tanto Fleetwood Mac de no ser por la inconfundible voz nasal de Nicks? ¿No fue, irónicamente, ese millón de dólares pulidos en cocaína la mejor inversión económica que el grupo pudo hacer en su momento?
Tras esta indiscutible demostración de que la droga es buena nos despedimos, no sin antes recordarles, por última vez, que meterse en rehabilitación está feo, muy feo, y que esos infinitos remordimientos que le sobrevienen cada vez que ve un anuncio de la F.A.D. o un panfleto de la Capistrano sólo deben de servir para ponerle en guardia contra el enemigo. Somos conscientes de que han quedado fuera de este particular Hall Of Shame nombres imprescindibles como Burton, Capote, Gardner, Haywood o Martin, pero el espacio no da para más. Nos despedimos con una cita que viene a demostrar el espíritu que hemos querido transmitir a través de este artículo sobre la detox. La cita que debe leerse con apenas un hilillo de voz, pues fueron las últimas palabras pronunciadas en vida por otra asidua a rehab. Palabras que vienen a demostrar que siempre hay momento para una postrera redención:
“Codeine, bourbon…”
Talullah Bankhead, 1969.
El Futuro: El futuro ya está aquí. Se llama Detox Camp y es el nuevo programa de telerrealidad de Channel Five, una especie de Isla de los Famosos, pero en una clínica de desintoxicación tailandesa. Hasta allí han partido estrellones de la talla de la “once great” ochentera Kim Wilde o el cómico inglés Richard Blackwood, a disfrutar como locos de un excitante programa diario de irrigaciones de colon y enemas, tanto orales como anales. Todo transmitido en riguroso directo para toda la nación.
Se trata de la última palabra en esa bendita moda anglosajona que se ha venido a llamar Cruelty TV o Humilliation Shows, espacios televisivos herederos del “Endurance” nipón que van desde “Lap Dance Island”, en el que padres de familia son separados de sus esposas e hijos y llevados a una isla ¡habitada exclusivamente por lap-dancers!, hasta “Cruel Holiday”, en el que unos incautos veraneantes son obligados a tragarse cucarachas y saltar por acantilados de 100 metros de altura, pasando por el insuperable “My New Best Friend”, en el que los concursantes son asignados un “nuevo mejor amigo” al que tienen que obedecer ciegamente: un día un concursante tiene que confesarle a su novia que es gay, otro es una concursante la que reúne a toda su familia para anunciarles que va a trabajar como actriz en una peli porno que va a dirigir su “nuevo mejor amigo”, etc, etc (las reacciones de las familias, novias, etc, de los concursantes son filmadas con cámaras ocultas, y ya se han vivido escenas de ataques de nervios y peleas multitudinarias en directo).
Y a todo esto nosotros nos preguntamos: ¿para cuando Humor Amarillo en DVD? Si es posible, sin los comentarios de los señores Herrera y Coll.
Artículo perteneciente a Le Bon Vivant Número 5. Especial Fracaso (2005), a la venta por correo escribiendo a oswaldocornelius@hotmail.com

Aquí una Diosa










